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CarajilloDWSQ

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Soy melancólico, negativo, romántico, nostálgico, extremadamente sensible y crítico con la estupidez de la sociedad en la que vivimos. De enfermizos pensamientos y con tendencia a la autodestrucción, soy enemigo de cualquier mayoría y apolítico. Constantemente intento crear teorías propias mediante el análisis de comportamientos generalizados en las relaciones humanas con el fin de poder aprender un poco más de la vida y de esta forma, ser un poco más sabio y no volver a tropezar de nuevo en la misma piedra. La tristeza es una excelente maestra, ni cien victorias enseñan lo que se aprende de una sola derrota. Y yo estoy continuamente fracasando.

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Diario de un hombre loco
6/12/2008

Epílogo

En abril de 2005 una amiga había creado uno de estos, un espacio. Viendo para lo que lo estaba empezando a dedicar pensé que no se trataba más que otra invención para adolescentes y que estos pudiesen colgar fotos de borracheras y poder enseñárselas a sus amigos para que viesen lo guays que son. Observé que había puesto fotos conmigo que yo odiaba por lo mal que salía, le pedí que las cambiase por otras y ella se negó. Como chantaje, decidí crearme uno y colgar una foto suya que yo tenía y que salía ella en posición comprometida, enseñando sus vergüenzas, prometiendo quitarla si ella quitaba mis fotos. Ella accedió y así empezó la historia de este espacio.
Descubrí que también se podía usar como diario y ya hacía unos meses que había encontrado absurdo seguir escribiendo via word mis ideas y mis sentimientos, casi siempre en días negros. Lo utilizaba para que yo mismo los leyese pasado un tiempo, para quitarme esa idea que contínuamente me hace daño de que todo tiempo pasado fue mejor y ver que quizás el presente era más próspero que otros tiempos que ahí relataba. Pero estaba perdiendo fe en ello. Supuse que quizás todos esos pensamientos podrían interesarle a alguien, aunque guardando siempre un cierto pudor por precaución, y con el tiempo este espacio se terminó convirtiendo en una especie de colección de ideas.
Al principio estas ideas no eran más que el vomito resultante de un mal día, dramatizaciones que sacaban a la luz complejos y cuentas pendientes no resueltas y que algún tiempo después eran miradas por mí con cierta burla pero que el daño que yo mismo me infringía estaba ya ahí, acumulándose poco a poco. Hay veces que pienso que tengo dos caras, una que intenta ser fuerte y se manifiesta en forma de una actitud crítica y a ratos maleducada, fiel reflejo de lo que es una actitud ganadora, un cerdo, pero ganador al fin y al cabo. Y luego otra que fue diseñada para sufrir, que se traga todo el dolor y que en los momentos duros necesita de la otra cara para defenderse pero esta se esconde cobardemente, muchas veces cuando ha sido ella la causante de los ataques indiscriminados que ahora tiene que soportar.
Con el tiempo, la cara crítica iba cogiendo más protagonismo. A pesar de ser una cobarde, a la cara crítica le duele ver como sufre la cara sensible y vengaba la afrenta criticando todo aquello que había sido causante de daño en el pasado, como una manera de devolverles la moneda. De esta forma, en este espacio se ha criticado a  los machotes, a mi antiguo colegio que era fiel reflejo de la estupidez adolescente (a quienes nunca me cansaré de odiar), al sentido del humor ofensivo, a los psicólogos, a los pedantes, a los ligones, a las mentiras de las mujeres sobre los criterios a la hora de elegir a un hombre, a la manipulación informativa de la derecha, a los comunistas radicales, a las rubias y a los hombres a los que les gustan rubias, a otros espacios, al buenrollotronquismo, a los raperos, a los que se creen poetas, a los virtuosos de la guitarra, a los gorrones que siempre piden dinero, a mi padre, etc. Resumiendo, a la sociedad. Todas estas críticas, no obstante, me han hecho ganarme adjetivos como sabelotodo, amargado, prepotente, listillo y cosas por el estilo. Pero supongo que cabe preguntarse qué fue antes, si el huevo o la gallina.
Otro tipo de entradas eran asociaciones de ideas o declaraciones de principios que se han ido fraguando en mi mente a lo largo de los años. Tantos miles y miles de horas pensando y dándole vueltas a todos los problemas que algo en claro debía de sacar de todo ello. En realidad, creo que son esas conclusiones las que me hacen infeliz. Con lo fácil que debe ser entender que las cosas son porque sí, porque así son, porque las hace todo el mundo y no hay que preguntarse nada más, el buscarle siempre un porqué a todo y cavilar sobre ello descubre aspectos que no se aprecian a simple vista y que la mayor parte de las veces llegan a una triste moraleja. La vida no da asco porque no nos salgan las cosas como a nosotros queremos, es el porqué de ello lo que en realidad da asco. Que la chica que nos gusta nos dé calabazas duele a todo el mundo, saber que prefiere a un chulo de discoteca en vez de a ti duele más, pero aún más dolor produce concluir que en el amor no existe lógica y que dar todo de tí a alguien es precisamente lo que te va a hacer perderla.
Una gran parte de entradas eran, como digo, desahogos puntuales ante momentos de tensión. Son estos textos los que más vergüenza me producían ya que estoy convencido de que aburrían a la audiencia, por la reiteración y por usar un lenguaje opaco que solo eran 100% entendibles por mí. Además, creo que eran como la historia del pastor y el lobo: las personas nuevas los leían y se preocupaban al instante, los veteranos pensaban "ya está el Carajillo otra vez con sus rayaduras" y les daba exactamente igual porque sabían que yo siempre terminaba cayendo de pie y a saber la estupidez por la que en ese momento me sentía mal. Estás entradas son las que me cosechaban calificativos como mártir, víctima, patético y demás palabras y expresiones equivalentes al concepto de "persona que quiere dar pena".
Por último yo, que acostumbro a vivir más en el pasado que en el presente, solía narrar recuerdos, a veces nostálgicos y otros que me marcaron para mal. El Día de la Decepción, mi nefasta primera experiencia laboral ejerciendo mi carrera, una noche cualquiera en mis años como alcohólico doméstico, el último curso en el instituto que supuso un nuevo punto de inflexión, los tiempos de las salas recreativas... una serie de hechos que de alguna u otra forma formarán parte de mi biografía y que explican en cierta medida mi actual forma de ser.

¿Y qué se supone que pretendía haciendo públicas mis miserias? La razón principal era que esto sirviera como una especie de enciclopedia para entender mi compleja personalidad para aquél a quien le interesase, aunque fuese uno solo. No es conveniente contar ciertas cosas a la gente sino que es mejor que las descubran por ellos mismo como por ejemplo, las cosas o las frases que me hacen daño. Decirlas es como ponerles reglas y todo el mundo tiene derecho a hacerme daño si así lo desean.
Otras muchas veces tenían el mismo objetivo que mis canciones, pedir una especie de socorro que no mucha gente sabe percibir. Sin embargo, la credibilidad se ha ido perdiendo con el tiempo como la historia del pastor y el lobo que contaba antes, y en los últimos meses a nadie parecía importarle ya.
En última instancia, las reflexiones que escribía las sometía a debate, me gustaba ver qué opinaba la gente. Incluso muchas de las críticas que ponía eran con el objetivo de crear polémica. Pero este tipo de escritos, lejos de lo puramente subjetivo, eran infrecuentes en mí.
Y aunque no fue mi idea principal cuando empecé a escribir porque pensaba que esto al final no lo iba a leer nadie, al final terminé haciendo de estos textos un reclamo, un cebo que me permitiese cazar solo a aquellos que se sintiesen identificados con los sentimientos que aquí se daban cita, señal inequívoca de que se trataba de gente de esa de la que a mí me interesa rodearme. Y tres años después puedo confirmar que este objetivo sí lo he logrado.

A finales del 2005 la Princesa Vampira entró por primera vez en este espacio proviniente del Tonel del Cínico. Admiradora de mi cara sentimental y sensible, ha sido la persona que más se ha identificado con los textos haciéndolos muchas veces suyos. Sin miedo a equivocarme, ella es la que ha mantenido este diario vivo. Desmesuradamente cariñosa y sensible, ha sido una de las personas a quien más he querido de cuantas he podido conocer por medios cibernéticos, y ella lo sabe. Como ya le dije una vez, se podia decir que yo escribía para ella puesto que siempre era la primera en leer lo nuevo que publicaba, en dar su opinión en temas de debate, en darme con la maza destructora cuando criticaba algo y en animarme cuando ponía entradas tristes. Tanto miedo me daba perder eso que ya había ganado que durante mucho tiempo le puse todo tipo de trabas a que nuestra amistad fuese más allá del mero intercambio de comentarios en nuestros respectivos blogs. Cuando dejó de aparecer por aquí, esto fue muriendo poco a poco... hasta hoy.

El Espantapájaros fue el enlace entre ambos siendo además, el más veterano de mis visitantes habituales. A él le gustaba la otra cara de mi espacio, la crítica. Descubrí su blog al poco de abrir este e inmediatamente quedé enganchado por su despiadada crítica a la estupidez social, algo con lo que me sentía muy identificado, y sorprendido por su corta edad. Una mente despierta donde las haya. Con el tiempo, cambió la temática por una de corte político y de derechas. Si bien nunca he estado completamente de acuerdo con muchas cosas que escribía, sí que he admirado en cambio su actitud. En este país antes había una dictadura militar de derechas y quien decía que era del otro lado iba a la cárcel, como mínimo. Desde hace tiempo pienso que ahora lo que hay es una dictadura social de izquierdas, el que diga que es del otro lado no va a la cárcel, pero es mirado mal, marginado e insultado por la sociedad (medios de comunicación incluidos). Ahora se han cambiado los papeles y el de derechas es el rebelde. Y él, aun siendo tan joven y por tanto más inusual si cabe, lo lleva con orgullo, algo que admiro.

Estrechamente unido con la Princesa, al Hechicero le aprecio casi tanto como a ella. Desde hace más de dos años y salvo periodos en los que él estaba ausente de internet, no ha dejado caer por aquí frecuentemente. Siempre me ha encantado debatir con él temas de música o cosas frikis. Habitual de siempre también lo ha sido mi amiga Laura (Psychowski, SwanDiveAvoidTheLight... o simplemente "swarzesan" como la llamaba la Princesa) aunque la mayoría de las veces era para regañarme y Earendilita para escribir chorradas. A Moriwen, también la conocí por aquí aunque no recuerdo exactamente donde. Heavy, guitarrista, también era muy atenta en mis entradas más desesperadas.
Atraidas por los textos, por aquí también conocí gente con quien luego acabé mal. Isa era una gran amiga a la que cogí muchísimo cariño aunque esas cosas siempre son un arma de doble filo puesto que las cosas malas también duelen más. Me sentí abandonado por ella, yo que siempre pienso que la gente me considera tan importante como lo son ellos para mí, y al final me tomé una venganza bastante barriobajera en forma de artículo asesino. Picantropita era una gaditana con quien congenié mucho en un principio pero luego resultó tener un caracter y un sentido del humor bastante ácido y "guay" y no tardé mucho en renegar de ella. Luego me sentí mal, porque por como se puso descubrí que me consideraba alguien especial.
Este espacio incluso llegó a crear escuela como así demostró El Ermitaño. Al parecer el chico venía siguiéndo mis escritos y mis canciones desde hacía tiempo y cuando quiso conocerme, mis clásicas reticencias y mi precoz inaccesibilidad le decepcionaron un poco. Luego le vi escribir como nick en el msn: "es triste descubrir que tus héroes son gilipollas". La verdad es que creo que exageraba, con lo de "héroes" me refiero. Creó un espacio de corte parecido al mío: mitad críticas, mitad lamentos subjetivos. Pero pronto se cansó de él y lo cerró.
Un caso bastante recordado fue el de Mayandra, una semidiosa con tendencia a la depresión que por momentos me llegaba a exasperar. He de confesar que yo odiaba su espacio y a todos los que allí se citaban por el lenguaje sibarita y pedante que utilizaban (o como decía la Princesa, "literatos versados en artes"). En un intento de aportar mis conocimientos depresivos para ayudarla terminé provocando un terremoto, algo por otra parte muy propio de mí. Y me llovieron palos por todos los lados. Ella calmó la tormenta y algún graciosete me llegó a emparejar con ella. Lo cierto es que poco después desapareció del mapa. Sabiendo de qué pie cojeaba, alguna vez me he imaginado un trágico desenlace.
Por aquí también se dejaban caer a veces Suko y Punki. Este último se ganó todas mis simpatías cuando desde un foro de antifascistas que se creían punkis le acosaron decenas de ellos por haber puesto en su página una crítica en la que asociaba el punk vasco, en especial el de Eskorbuto, al entorno de ETA y al patriotismo en torno a la Ikurriña. Ellos eran punks distintos, auténticos, apolíticos, asociales y contrarios a cualquier moda o tendencia y eran carne de cañón para sus borreguiles colegas que entraban en contradicciones una y otra vez. Yo no tenía ni idea de los argumentos que ellos aportaban porque de esa rama musical tengo conocimientos muy básicos pero ya me conoceis, siempre he tenido debilidad por todo aquél a quien intentan linchar públicamente.
Tardías ya fueron las incorporaciones de Setendrione, M.Go, Fran o Albini. A Setendrione de entrada la catalogué como una componente de esa plaga de Dios que son las niñas góticas, esas que son tristes por moda. Aunque la verdad, al margen de lo que realmente sea que no lo sé, se ha destapado como una persona muy atenta y cariñosa a quien aprecio mucho. M.Go es de escritos más mayandrescos pero muy autobiográficos e ilustrativos de su verdadera personalidad, la conocí a través de mi versión Blogger del espacio, el blogspot, plataforma sobre la que se sustenta ella en lugar de Msn Spaces. Me hubiese gustado conocerla más a fondo, la verdad. Fran es otro que vino a través del Espantapájaros, es decir, bastante metido en política, pero tenemos en común alguna que otra experiencia traumática y aunque me extrañe viniendo de un hombre, le gusta más mi faceta sentimental que la crítica. Albini se unió a la fiesta cuando yo ya estaba recogiendo los cacharros. Se le intuye, como yo, igualmente quemado con la sociedad y comparte una afición conmigo: la composición de canciones.

Cuando me pongo a ver todo lo escrito durante estos últimos tres años, veo textos muy verdes durante el 2005, como si no tuviese claro lo que pretendo cuando escribo. El 2006 fue el año en que este espacio tuvo más actividad por mi parte y más afluencia de gente, además que todo lo que escribía lo hacía espontaneamente y de corazón y eso se nota. Pero en octubre del año pasado decidí que esto terminaría cuando esto cumpliese 3 años, exactamente el 15 de abril. Y tal es la desidia que tengo con respecto a esto, que me ha llevado a cerrarlo dos meses después.
Ya no tengo las mismas ganas de escribir que antes, básicamente porque como he empezado diciendo esto no es un diario al uso en el que contar el día a día, creo que la colección de pensamientos ya la he agotado y los nuevos conceptos que se me plantean no dan para crear artículos enteros. Todo lo más que podría relatar ya serían derivados de cosas contadas aquí anteriormente y aunque en determinados momentos de tristeza me consolase escribir, a ojos de los demás no quiero convertirme en un llorón quejica. Y porque con gente cuyo contacto con ellos se limita a este espacio no me importa, pero hay gente que ya es más que eso, y mostrar mis puntos débiles me hace sentir vulnerable.

Con cierta tristeza digo que esto ha llegado a su fin. Os agradezco todo lo que me habeis aportado en estos años y haber podido compartir tantas palabras y opiniones con vosotros. En cualquier caso, sé donde os tengo por si un día os hago una visita. Yo continuaré intentando ser feliz por otros caminos.

Sedlo vosotros.


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Theory Of A Dead Man - Santa Monica

2/12/2008

Año 1 d.E.

No siempre escribo críticas para ser compartidas o rebatidas ni escribo problemas personales o momentos de tristeza para ser consolado por los demás. Hay veces que me apetece escribir tal como lo escribiría en mi antiguo diario informático, sin esperar ninguna respuesta. Así que si eres de los que solo le gusta mi lado crítico, le parecen aburridos mis temas personales o piensa que contar miserias en un blog no es más que para dar pena a todo el mundo, te recomiendo o mejor, te pido por favor que no continues leyendo. Y si tu intención es dejar como comentario un insulto, déjalo en otra entrada anterior, pero no en esta.

1. El shock:
El viernes 29 de Diciembre de 2006 a las 18:00 un golpe en la puerta de mi habitación turbó mi plácido sueño. Era mi padre que con cara de pocos amigos me dijo que tenía que hablar conmigo. Mi madre no estaba en casa, había ido a la peluquería para tener buena imagen en las fiesta navideñas y yo ya me preparaba para una nueva represalia de él, por alguna cosa sin ninguna importancia que yo habría cometido pero que le serviría para descargar todo el desprecio que habría acumulado dentro por alguna otra razón que no se atrevería a confesarme. Lo de siempre.
Pero al llegar a la terraza sentí que algo distinto me esperaba esta vez, había elementos dentro de la atmósfera que no reconocía y que no había sentido antes. Él estaba sentado en una silla con una cara que no era la previa a la ira y la humillación con las que otras veces me obsequiaba. Había algo extraño en él pero deducía que en pocos instantes se iban a desatar fuertes sentimientos aunque no sabía de qué clase serían. Él se levantó y temblando avanzó hacia a mí y comenzó a llorar desconsoladamente a la vez que me abrazaba (si hay un gesto inusual en mi padre hacia mí ese es un abrazo) y me decía que nos íbamos a quedar sin mi madre. Yo no respondí al abrazo, me quedé inmóvil intentando asimilar una situación que me resultaba totalmente desconocida: mi padre abrazándome. No podía creer lo que estaba diciendo y como un gato arisco me libré de su abrazo y me aparté de él.

Esa misma mañana habían dado el alta provisional a mi madre en el hospital después de cuatro días ingresada en lo que a priori siempre pareció un problema puntual y sin ninguna importancia pero debería volver a ingresar el día 2 de Enero. Mes y medio después descubrí que los médicos le estaban dando la oportunidad de pasar la última nochevieja con nosotros. Antes de marcharse los médicos y a espaldas de mi madre, les habían comunicado que tenía el hígado destrozado por metástasis de un cáncer no detectado anteriormente y que mucho se temían que era tarde para hacer algo.

Tras contarme lo que sucedía intenté recobrar la serenidad y mi habitual pesimismo se tornó en lo contrario, quizás por escepticismo, quizás como un método de negarme a mi mismo la trágica noticia. Me decía a mí mismo que los médicos solían curarse en salud, cubrirse las espaldas ante cualquier complicación, planteándolo todo de negra forma como una manera de evitar posibles demandas si el desastre se producía. Y es con lo que me estuve engañando durante buena parte del mes y medio restante.

2. La angustia
Los días y las pruebas a las que se estuvo sometiendo ella fueron transcurriendo y con ellas, me iba rindiendo poco a poco a la evidencia. Fueron incapaces de dar con la raiz del cáncer que había pasado al hígado y lo había destrozado silenciosamente desde algún tiempo que no se podía determinar. Renunciaron a la quimioterapia porque decían que era inútil hacer más dolorosos y desagradables los últimos días de alguien que ya tenía el destino escrito. Y pusieron fecha a su muerte: 6 meses, 3...
No obstante, aún seguía empeñado en ignorar lo que estaba sucediendo. Oculté esta certeza a todo el mundo porque no soportaba que nadie se compadeciese de mí, era como asumir lo que iba a pasar. Prefería que cuando la gente me preguntase por ella lo hiciese como si tuviese una enfermedad sin importancia que solo era digna de hacer la simple pregunta de "qué tal está?". En el trabajo muy poca gente sabía esto y prefería que todo el mundo siguiese de broma conmigo, eran las únicas siete horas del día en las que podía evadirme mentalmente de la situación. Aunque el término "evadir" en este caso siempre fue relativo, muy relativo.
Ella parecía ser ajena a todo. No le pudimos ocultar que tenía cáncer aunque nunca supo la magnitud de la gravedad. Aún recuerdo cómo trataba yo de disimular y banalizar con bromas lo que la sucedía para quitar tensión a la situación y no viviese con angustia sus últimos días de vida, como se engaña a los niños. Cuando el higado empezó a dejar de funcionar y ya no regulaba bien la bilirrubina, ella se puso completamente amarilla y yo bromeaba hablando sobre el grano de arroz tan gordo que nos habían echado a la paella. Pero estas mentiras piadosas me hacían sentir mal, sabía que la tensión y la angustia no era fácil disimularla y ella no era tonta. Me cuesta creer que cada vez que se tenía que apoyar sobre la mesa doblada sobre su estómago por el dolor que intentaba soportar ella no fuese consciente de que su caso era especialmente grave. Y yo cada vez que la veía así, dando síntomas de lo que algún día sucedería, debía hacer un esfuerzo sobrehumano para no estremecerme.

Una vez que los médicos la abandonaron a su suerte, a la desesperada decidimos llevarla a ver a un homeópata (o médico jipi, como a mí me gustaba llamarlos) que un año antes me había recetado una serie de pastillas vitamínicas que, presuntamente, me vinieron muy bien para mi fístula cuando tampoco parecía que tendría solución. Pero acudiendo a él con la misma fe de quien acude a un curandero africano de los que se anuncian en los periódicos, esperando ya un milagro. El homeópata hizo un diagnóstico quizás no probado científicamente como todos los que dan este tipo de médicos, pero que me parecía que seguía una lógica más convincente que el simple "hemos usado todas nuestras máquinas pero no encontramos el foco del cáncer, no hay nada que hacer" que decían en el hospital.
Pero a la vez que más lógica, resultaba mucho más dolorosa de aceptar para mí. Decía que la causa del cáncer podría ser psicológica, que por preocupaciones o estrés, el cerebro no se coordina bien con las terminaciones nerviosas y puede hacer que ciertos órganos no funciones correctamente y desarrollasen enfermedades. Eso significaría que mi madre se sentía triste. Me contaron que el médico la preguntó si era feliz y ella automáticamente se echó a llorar. Le confesó que estaba sufriendo mucho por la separación de mi hermana y mi cuñado y la guerra que han mantenido desde entonces, la preocupación que le acarreaba la inmensa cantidad de dinero perdida en el escándalo del Forum, el año que pasé incapacitado por mi fístula, que sufría mucho porque mi padre y yo nos llevásemos tan mal, por las malas contestaciones que yo la daba (y que siempre venían motivadas por la frustración que me producía él) y apostaría también a que la dolía ser tratada con la superioridad y el menosprecio con el que mi padre solía tratarnos a los dos. Mi madre, tan aparentemente alegre y risueña, nunca pensé que le pudiesen afectar tanto las cosas como a mí, que pudiese sentirlas tanto como las siento yo. Y la idea de que entre todos pudiésemos haberla matado es algo que aún hoy en día me sigue martirizando.

3. Los últimos días
No hubo demasiado tiempo para comprobar si la terapia del naturópata obraría el milagro. Al día siguiente, el sábado 3 de Febrero, acudí por la noche al concierto que daba un compañero del trabajo, por puro compromiso e ignorante él del drama que estaba viviendo, pero nada más terminar me fui a casa puesto que al día siguiente debía ir a trabajar. Al llegar me encontré la confirmación de que la recta final de esta agonía estaba a punto de empezar. Mi padre estaba preparando todo para irse con ella a urgencias ya que era incapaz de soportar más el creciente dolor. Aunque el último parte médico la había dado tres meses de vida intuí que ella estaba viviendo sus últimos minutos en casa. Otro recuerdo que no puedo olvidar de ese día es el hecho de verla a ella metiendo en su neceser todas sus pinturas para la cara y me sentí impotente por no poderle decir que no le iban a servir de nada.

Al día siguiente cuando fui a visitarla después de venir del trabajo tuve ya la completa certeza que no la quedaba mucho tiempo. Estaba destinada en la planta de oncología, un auténtico corredor de la muerte donde quien entraba ya no salía con vida. Sorprendía que aquellos enfermos estuviesen todos con los ojos cerrados y la boca abierta, con la piel flácida cayéndoles sobre los huesos y haciendo un extraño y sonoro ruido al respirar, como si se ahogasen. Me alegré de que mi madre tuviese un aspecto más saludable que él de ellos pero conforme pasaron los días terminó convirtiéndose en una réplica más. No había día en el que no muriese alquien de esa sección del hospital de no más de 15 habitaciones con el consiguiente drama familiar. Siempre pensé que aquellas enfermeras no tenían sentimientos para aguantar todo aquello.
Durante esa última semana, seguí fingiendo delante suya que todo iba bien, intentando hacerla de rabiar diciendo que cuando volviese a casa iba a encontrarse un rastro de trastos que había dejado en la habitación porque ella siempre fue una amante enfermiza del orden y la limpieza. Pero por mezcla del propio desorden químico producido por la enfermedad y las drogas que la inyectaban para el dolor, ella terminó perdiendo el sentido de la realidad. El sábado 10 de febrero, casualmente fue necesaria realizar la mudanza a la nueva casa de mi hermana tras su separación ya que en vista de la guerra entre ambos, esto estaba siendo llevado por el juzgado y así lo había decidido. Pero nos notificaron que mi madre estaba viviendo ya sus últimas horas y una vez hecho el traslado de los muebles, corrimos en dirección al hospital. Mientras iba en la parte trasera de la furgoneta fui consciente de que el temido pero presumiblemente lejano día, se había presentado sin avisar y esta ahí, delante de mis ojos.
Al llegar al hospital, viví sin duda la escena más dramática y patética de mi vida. Al acercarme a ella, despertó de repente aunque con la mirada totalmente perdida y con unos agonizantes movimientos trató de abrazarme y todo el mundo que allí había rompió a llorar. Ella no debía saber donde estaba y se asustó al ver nuestras caras llenas de lágrimas y repitió algo como "qué pasa aquí?". Pero la enfermera la tranquilizó de nuevo con una inyección y ahí acabó para siempre cualquier señal de humanidad en ella. Allí permanecí, a los pies de la cama y cogido de su mano, consciente de que en cualquier momento dejaría de respirar. El día siguiente fue como si estuviese ya muerta y su imagen pareciendo hacer un esfuerzo sobrehumano por girar la cara tan solo unos centímetros se me ha quedado grabada a fuego en mi mente. Volví a casa para descansar y como un tonto, me puse a hablarle a su foto.
La madrugada del 12 de Febrero desperté súbitamente a las 6 de la mañana, pero me volví a dormir. A las 7 sonó el móvil: era una de mis hermanas informándome que una hora antes había muerto.

4. Una nueva vida
El velatorio en ocasiones daba la impresión de ser una fiesta. Supongo que no forzosamente han de ser lágrimas por doquier pero yo me llegaba a reir ante frases graciosas de alguno de mis primos, y luego lo pensaba y me sentía muy culpable. Quizás fuese porque ese día me sentía muy arropado por todo el mundo, yo era uno de los centros de atención, en quien estaban puestas todas las miradas, los besos y los abrazos y la tristeza la estaba mitigando eso. Yo pedí expresamente entrar en la sala donde estaba mi madre tras el cristal, una cámara a varios grados bajo cero donde le acaricié su cara helada y le di un beso en la frente... antes de dejar que la convirtieran en cenizas y desintegrasen su cuerpo.

Pero las primeras semanas fueron especialmente duras. Un sentimiento infantil me invadió por completo y me sentí vulnerable como un niño, sentía que ya no estaba ella para protegerme y que cada vez que me hacían daño en algún lugar ella se estaría retorciendo de impotencia por no poder hacer nada, mientras yo apretaba con fuerza el colgante que ella solía llevar en el cuello y que ahora era mío. La vida en casa con mi padre era un infierno, pagando conmigo su depresión y llegando a decir a terceras personas que la muerte de mi madre a mí no me había importado en absoluto (anecdótico e hipócrita resulta este dato comparándolo con la situación actual de él).
Aquél 12 de febrero se ha convertido en la teoría y en la práctica, en otro 11-S en mi vida, en otro DD. Al igual que con aquél 26 de marzo, todo ha vuelto a tener como punto de referencia el día de su muerte y de nuevo vuelvo a aquello de "la última vez que hice esto o pasé por este sitio, ella todavía estaba viva". No ha habido día en estos 365 que no haya recordado por algún motivo aquellos lamentables momentos. Y aunque en especial lo suelo hacer cuando viajo en el metro, cualquier circunstancia provoca que la eche de menos: hay comidas que no he vuelto a probar desde entonces ya que sólo las sabía hacer ella, la ropa nunca está vuelto a estar tan planchada e impecable como la dejaba ella, las habitaciones no están tan ordenadas y limpias como las solía tener ella. Incluso mi hermana asegura que hay un reloj de cuerda en su casa que por mucha que le da, todas las noches se detiene a las 6 de la mañana. Todavía no he sido capaz de volver a oír o ver algo en donde salga ella por miedo a mi reacción. Pero sobre todo, todavía no he podido quitarme el remordimiento de no haberle demostrado más mi cariño en vida. Mi madre siempre me decía que yo era un niño muy cariñoso pero que a los 13 años me volví arisco y agrio, supongo que ella nunca me entendió pero no por ello se merecía irse con la sensación de que no la quería lo suficiente.

Dicen que el tiempo lo cura todo pero yo no quiero que pase el tiempo, no quiero terminar olvidando ningún recuerdo que tenga de ella. El timbre de su voz, sus expresiones, el tacto de su cara... son cosas que aún permanecen frescas en mi memoria y no quiero perderlas jamás.

 

Saint Seiya - Aria Of The Three

2/5/2008

El valor del amor

Muchas veces me he preguntado porqué inconscientemente se valora la calidad de un amor no por la pureza e intensidad del mismo sino más por el valor intrínseco que tiene cada uno según lo tenga la persona de la cual provenga. Me pregunto porqué las personas se sienten más halagadas y son más sensibles a la admiración de alguien guapo, con caché social y bastante sobrado de triunfos amorosos que del amor de alguien no tan agraciado físicamente y cuyo palmarés es más bien escaso. No me cuestiono la razón porque no se siente atracción por los segundos sino porqué nos llena de orgullo sentirnos amados por los primeros y porqué tendemos a pensar que gustar a los segundos no tiene mérito ninguno y consideramos que son personas desesperadas por cualquier cosa, aunque esas personas hayan demostrado ser capaces de hacer lo imposible por nosotros.
El experimentar mayor o menor satisfacción interior por el amor de los segundos da cuenta de nuestra propia autoestima. Si somos totalmente indiferentes, normalmente tendemos a pensar que nosotros merecemos alguien mejor que esa persona, que valemos más que eso. De ahí que frecuentemente se oiga comentar cosas acerca de parejas tales como "él vale más que ella" o al revés, diferenciando el valor específico que tiene cada uno por lo guapo, inteligente o el caché social. Y como ya he comentado muchas veces, la prioridad a la hora de determinar qué amor tiene más valor recibirlo, para los hombres está en la belleza de la mujer y para las mujeres en el caché, popularidad, liderazgo o carisma del hombre. Dicho de otra forma, la gran masa de solterones y solteronas está compuesta por chicos posiblemente guapos pero tímidos y discretos, y mujeres inteligentes pero feas.
Yo por ejemplo soy de los que no se sienten atraídos por las mujeres demasiado guapas ya que yo valoro mucho, según la regla de la que hablo, la capacidad de dicha mujer para ser amado por ella. De esa forma, considero engañoso y poco firme que una mujer tremendamente guapa se enamorase de mí, ya que al final todo el mundo termina tirando a ese binomio chico guapo y/o popular-chica guapa y antes o después terminaría abandonado por ella. Aunque esa tendencia mía también tiene ciertas reservas, no estaría hablando con tanta rotundidad de el valor que tiene el amor de las personas si en alguna ocasión no haya calificado el amor de una mujer hacia mí como "propio de personas desesperadas". Pero en general sí que suelo ser más proclive a fijarme en mujeres físicamente del montón y en general, con un pobre concepto de sí mismas, no solo de palabra ya que la "falsa modestia" es algo muy extendido en la sociedad sino también con una actitud que lo demuestre. Bueno, en realidad creo que todo el mundo busca a alguien que valore lo mismo que se valora uno, los de alta autoestima tienden a ver a los otros como un coñazo de personas que además generan mal rollo y los de baja autoestima vemos a los de alta como gente prepotente, presumida e insultantemente feliz. Y es lo que creo que ese amor por uno mismo y la actitud que eso genera ante las cosas, es principalmente lo que determina que unas personas sean incompatibles con otras, mucho más determinante que los gustos o ideologías políticas sean antagónicas.
Lo que sí he tenido muy en cuenta siempre es que el amor que te puede profesar alguien que no está demasiado acostumbrada a sentirse amada por el sexo opuesto es mucho más puro y lo cuidará más para no perderlo en caso de que sea correspondido, que aquella que tiene mucho más éxito, que se ha enamorado 100 veces, enamorado de ella otras tantas, roto otras 100 y en definitiva, que tu eres uno más y a ver qué tal sale esta vez.

Evidentemente, el amor es demasiado complicado como para pretender explicarlo con este tipo de teorías y muchas veces no parece responder a nada de esto y solo son una colección de circunstancias o algo que da dolor de cabeza simplemente plantearse su porqué. Pero no creo en la simpleza de Einstein cuando afirmaba que "todo es relativo", pienso que muchas veces merece la pena generalizar ignorando las excepciones. Que cada uno comparta o rechace estos proyectos de teorías en base a lo de acuerdo que esté con la frase de Einstein o la canción de Jarabe de Palo: depende, todo depende de según como se mire.


 
Paul Weller - You Do Something To Me
1/23/2008

14 años

El 17 de enero de 1994 perdí mi inocencia, perdí lo que supongo que pierde cualquier mujer que es violada, es posible que la sensación que me quedó fuese muy parecida a esa. Digamos que marcó el punto de inflexión decreciente para alguien a quien auguraban y creía en un prometedor futuro para él y que desde ese día pasó a convertirse gradualmente en un prototipo perfecto de perdedor. Pero de esto, me doy cuenta hoy en día.
Yo era el niño del sobresaliente, de quien decían en reuniones del A.P.A. que yo sería un hombre de provecho cuando fuese mayor, el buen hijo, el cariñoso, el que pensaba que tenía los mejores amigos del mundo, el que era tan alegre que a veces llegaba a resultar empalagoso y tonto...
Pero ese día tuve una sensación de angustia y ansiedad como nunca antes había experimentado, empecé a coger miedo a todo y comenzó una progresiva introversión. Los hechos y circunstancias que tuvieron lugar durante los inmediatos años siguientes confirmaron esa tendencia a la automarginación y al aislamiento, perdí la ambición por ser el mejor que hasta ese momento me había animado a estudiar, veía a todo el mundo infinítamente superior a mí y me incomodaba su presencia y comenzaron los primeros pensamientos suicidas. Conforme avanzaba el tiempo iba mitigando esos recuerdos, ya no los miraba como algo que aún me siguiese afectando. Pero supongo que aquellos años definieron mi personalidad para bien o para mal, con sus defectos y con lo que en este blog siempre he reivindicado como virtudes, siempre caracterizada por un profundo pesimismo y apatía, por una desconfianza general hacia la gente, por una exagerada sensibilidad a las palabras de los demás, por una preocupación excesiva por los problemas que terminó derivando en enfermedad. Quizás siempre fui así, quizás nací así y no lo había apreciado, pero estas cualidades salieron a la luz aquél 17 de enero.
 
Durante estos últimos catorce años me he dedicado a sobrevivir a la vida cotidiana, a sacarle partido a las pequeñas cosas pero negándome siempre a mí mismo metas más altas por sentirme insignificante para alcanzarlas. Me he terminado convirtiendo en ese tipo de persona que nadie quiere consigo, que cuando enseña sus verdaderas ideas produce la misma sensación repulsiva, de hastío, de victimismo que estás sintiendo ahora mismo y tu sientes cada vez que me lees este tipo de entradas, la sensación de no saber qué decir, de no saber qué escribir, como tu ahora.
He terminado seleccionando a la gente para quedarme solo con quien también albergase traumas internos o que por algún motivo, fuese tan vulnerable como yo, negando a otros su derecho a dejarse conocer a fondo en cuanto atisbaba el menor síntoma de ganador social nato. Por contra, he aprendido a explotar estos sentimientos y a llegar a hacer de ellos un arte, bien en forma de canciones o de textos. He llegado a disfrutar con la tristeza y a recrearme en ella.
Y he tenido periodos en que he conocido la felicidad absoluta, aunque fuese de forma efímera, haciendo que marcase mi objetivo a conseguir en esta vida. Pero hoy no tengo tan claro cuál es ese objetivo.
 
Han sido catorce años de silencio, catorce años de dolor, catorce años que se han ido para siempre y que no tendré otra vez. Cuando pienso que llevo media vida con estos sentimientos y esta actitud, me hace pensar de que, pase lo que pase, ya forman parte de mí y que nunca podré disfrutar plenamente de las cosas tan maravillosas que supongo que tiene la vida.
 
Odio tener que escribir estas cosas.
 

Guns N' Roses - 14 Years 

1/2/2008

Personajes secundarios (II)

Jamás pensé que una canción de El Chivi, a pesar de haber mantenido siempre que aparte de sus guarrerías me parece un gran cantautor, me iba a inspirar para escribir una entrada y recordar la primerísima que escribí en este blog. Y es que esta canción que suena me ha hecho sentirme mal. Aunque reconozco una mejoría creciente desde hace ya unos años y la certeza de que hoy en día sí sé cómo hacerme querer, esta música me ha hecho volverme a sentir como lo que durante mucho tiempo me he sentido, un personaje secundario en la vida de todos los demás.
Quizás sea un sentimiento pasajero, una entrada "rayaduras" que cada vez son menos numerosas perdida entre otras de diferente categoría, quizás sea una visión negativa de algo que no se corresponde con la realidad o puede que en efecto, esa sea la realidad de la que no me haya dado cuenta por el optimismo que algunas cosas me han producido últimamente.
Pero hoy me he puesto a analizar los motivos a los que me he estado aferrando para sentirme bien conmigo mismo y estos me parecen artificiales y abstractos, intangibles. Solo son un cúmulo de halagos hacia mi persona en forma de letras o de ideas. Me estoy dando cuenta que, aunque haya sido por voluntad propia, apenas tengo vida real, algo que pueda tocar con las manos.
 
Hoy de esos típicos días en los que recuerdo a la gente para la que en el algun momento he sido importante pero que ya he pasado a formar parte de su olvido, a no citarme en el que caso de que escribieran una biografía. Y de la que aún mantengo, por momentos tengo la sensación de ser solo la sombra de los protagonistas principales que ya hay en sus vidas, y no parecen necesitar ningun actor más si no es como es extra, que es todo lo que supongo en la mayor parte de ellos, una especie de cero a la izquierda. En especial, me duele mucho recordar como en algún momento fui la preferencia de toda esa gente, al igual que al niño se le iluminan los ojos al abrir los regalos de reyes con los que había soñado durante tanto tiempo y que ante la novedad permanece entusiasmado durante unos días. Pero al cabo de poco tiempo esos juguetes quedan olvidados en algún rincón de sus cajones. Y yo en algún rincón del olvido de esas personas, algo que se ha repetido una y otra vez incluso curándome en salud para coaccionar a las personas a no ser como los anteriores.
Hay quien me critica el hecho de que esté siempre buscando el reconocimiento, pero a mí no me consuela eso que se dice de "solo Dios sabe que...". Yo no soy capaz de hacer algo bueno por alguien y hacerlo en secreto, algo completamente altruista, no soy capaz de hacer algo generoso sin esperar que me lo agradezcan o me quieran por ello. Y quizás eso y solo eso sea es lo que me hace feliz y a la vez me hace sentir esclavo por tener que depender siempre de alguien. Cada pedacito de cariño o de admiración hacia mi persona lo raciono para que la confianza en mí mismo me dure el mayor número de días posible o me remonto a momentos pasados, frases, textos, fotos... que llevan implícito algo que me hace sentir orgulloso de mí, siempre dichas en boca de otra persona. Cosas que, consciente de que no soy precisamente un ganador y pronto vendrán épocas de sequía, guardo como si fuesen pequeños tesoros.
Pero no se puede vivir eternamente de todo eso. Necesito, como todo el mundo, algo menos abstracto, más tangible, sentirme importante, seguir siéndolo para quien ya lo soy y terminar convirtiéndome en principal también para la gente nueva. Y sin embargo creo que siempre llego tarde a todos los lados, todo el mundo tiene ya alguien inamovible en sus corazones. Casi siempre soy "una buena persona", "un buen amigo", "un tipo simpático", "un tipo inteligente"... pero no hay nadie para quien sea "el mejor".
Ya que esa sensación solo la consigo en las primeras impresiones, en los primeros compases de mis relaciones con la gente, puede que me valiese más apartarme de ellos con el sentimiento aun latente antes de que terminen aburriéndose de mi, como sucede siempre. De esa forma me quedaría con la sensación de que he sido yo quien he elegido apostar porque esas personas no son auténticas incluso antes de darme la patada, quedarme con la sensación de que los perdí de vista sabiendo que me querían y quedarme siempre con ese recuerdo. Quizás sea preferible a seguir disfrutando de su presencia y ver como se apaga poco a poco la placentera sensación de saberse querido.

El Chivi - Ya No Te Acuerdas De Mí 

12/28/2007

El orgullo de Baco, uvas y vino

Llevo ausente del mundillo de los blogs bastante tiempo, así como observo una decadencia en la blogosfera, comienza la mía.
 
Estamos en tiempos de Navidad, la machacada por todos Navidad. Es la época del turrón, los polvorones, las lucecitas, los árboles adornados, la nieve... Quizás sea cierto que los medios de comunicación y los comercios sean los que hayan terminado convirtiendo una fiesta religiosa en un negocio pero de eso, absolutamente todos somos partícipes. Claro que, en estas fiestas también son características las frases hipócritas y demagógicas de gente que pretende ser original, solidaria o antisocial y a los que se les llena la boca con cosas como que "la navidad es puro consumismo, debería darnos vergüenza con la cantidad de gente que se muere de hambre en el mundo". Pero por supuesto, no donan un duro a ONG's, se ponen hasta el culo de comida, hacen y reciben regalos a diestro y siniestro y se gastan un pastón en fiestas organizadas o montan la suya propia con todo tipo de drogas y alcohol. Lo que hace todo el mundo, vaya.
 
Yo digo a viva voz que me gusta la Navidad aunque no por motivos religiosos ni consumistas. De entrada, en tiempos de colegio, instituto y universidad, la Navidad significa "vacaciones", motivo más que suficiente para quererla. Aunque estos últimos años apenas la he percibido por estar trabajando o por estar parado, donde los días eran como cualquier otro. Y a pesar de que las dos últimas Navidades no hayan sido de grato recuerdo, siempre me he dejado contagiar por el ambiente de fiesta que invade estos días aunque solo sea por lo que se ve en la calle o por televisión, y aún en las peores épocas de mi vida me ha llenado de optimismos, aunque solo fuese fugazmente.
 
Pero la Navidad contiene algo que nunca ha sido de mi grado, la que yo considero fiesta nacional de la gente guay: la Nochevieja, eso que en mi niñez relacionaba sobre todo con el logotipo del Tio Pepe y los especiales de Martes y Trece.
De entrada, todos los años, personajes que no veo durante el año me llaman para bajar antes de la cena a un bar que hay al lado de mi antiguo instituto. Allí nos solemos reunir todos los años distintas generaciones de estudiantes del I.E.S. Conde De Orgaz en donde el tema de conversación suele ser siempre el mismo: el trabajo. Las charlas entre la gente parecen una competición de ver quien gana más dinero y a quién le va mejor, llegando a mentir si se tercia, jamás se oiría a alguien decir "pues estoy puteado y me pagan una mierda".
Por otro lado, el ritual de las uvas me parece absurdo. Pero aún más insoportable me resulta ver como, año tras año, los mismos presentadores tratan de ponerle emoción al asunto y explican por enésima vez el funcionamiento de algo de que por sí, no puede ser más simple: "primero suenan los cuatro cuartos, de doble campanada... hay que hacerlo bien que si no, trae mala suerte". Ramón García me resulta especialmente repelente, habitual presentador de programas para el abuelo y para el niño. Tal repelús produce en la gente que ha terminado provocando esto.
Una vez terminada la ceremonia, besos y abrazos con todo el mundo, hasta con mi padre, que quien me conoce sabe el sentimiento que tengo hacia él. Y los mismo comentarios que se hacen todos los años: "cuánto tienen que valer estos anuncios de después de las campanadas, eh?".
Y después, lo peor de todo: la fiesta. Esta es la única noche del año en que, por cojones, hay que salir si no quieres ser considerado un tio raro, aburrido o marginado. Y como los locales saben bien del borreguismo general de la fecha en cuestión, establecen precios abusivos para sus fiestas que la gente igualmente paga si no encuentra sitio en otra fiesta, todo con tal de hacer lo que hace todo el mundo. Estas son las fiestas en donde hasta el más gualdrapa se ducha y se viste de etiqueta, donde la barra libre que prometen los organizadores va entre varias comillas porque conseguir una copa resulta toda una odisea, donde todo el mundo se pone a hacer el gilipollas con el cotillón, donde pase lo que pase, la noche da para toda una semana llena de comentarios jocosos entre los amiguetes donde en cada recuerdo subyace un concepto siempre omnipresente: "buah tio, vaya pedo". La visión en el interior de los vagones del metro a las 8 de la mañana es dantesca, con personajes vestidos de frac tirados por el suelo, gente que camina con movimientos pendulares y vomitonas por todos los lados. Al menos habrán amortizado los 60 euros que cuestan de media cualquiera de estas fiestas.

Mecano - Un Anyo Más